Aprender de los fracasos… y compartirlo

Aprender de los fracasos… y compartirlo

Es evidente que ningún científico busca obtener resultados negativos cuando inicia una investigación. Su pretensión clara es obtener unos resultados que avalen la tesis con la que inició su trabajo. Pero, si finalmente los resultados no son los esperados, ¿debe considerar esto como un fracaso?

Amber Stuver cree que no. Esta científica de LIGO dedicó varios años al estudio de las ondas gravitacionales, tratando de demostrar su existencia con la esperanza de poder usarlas para observar el universo. Pero durante muchos años los resultados fueron nulos. Sin embargo, Stuver se muestra tan orgullosa del momento de la primera detección de ondas gravitacionales como de todos los años invertidos en su búsqueda. Todos estos resultados negativos sirvieron para conocer mejor nuestro universo.

Esta es una llamada a compartir los resultados de las investigaciones. Los buenos, los no tan buenos, e incluso los malos. Es una llamada al progreso de la ciencia. Pero ¿cómo convencer a las científicos para que compartan los datos de sus investigaciones cuando los resultados no son los esperados?

En primer lugar, porque un resultado nulo no es un fracaso. Un resultado no esperado es una información muy valiosa para seguir trabajando, o para dar un giro a las investigaciones en ese campo determinado y trabajar en otra línea. Las investigaciones no deben centrarse únicamente en obtener un resultado sino en realizar preguntas significativas y compartir las respuestas encontradas. Los resultados negativos son parte del proceso de investigación. Hay mucha información en los resultados encontrados, sean los que sean. De ahí pueden surgir otras ideas sobre las que comenzar nuevos estudios.

Publicar estos datos ayudará a otros científicos a no cometer los mismos errores, pudiendo así emplear su tiempo en otras líneas de investigación, permitiendo un más rápido progreso de la ciencia. Otros investigadores no perderán tiempo y recursos buscando resultados positivos donde no los hay, evitando la duplicidad de esfuerzos. La ciencia debe ser colaboración.

Los fracasos, por tanto, son parte de la ciencia y hacen que ésta progrese. Que los científicos tomen conciencia de los beneficios que reportaría compartir los datos de investigación, de principio a fin, positivos o negativos, es fundamental para el avance de la ciencia.

Hasta ahora, todo lo que veíamos publicado era el resultado final, generalmente positivo, en forma de artículo. Pero esto supone una ínfima parte de todo el proceso investigador, una parte de un todo que puede contener datos muy valiosos para el resto de la comunidad científica.

Compartir los datos de investigación es obligatorio en todos los proyectos financiados con fondos del Horizonte 2020 desde 2017. Además de que los datos se publiquen en abierto, han de depositarse en formatos accesibles y reutilizables. Existen opciones institucionales como la que ofrece el Consorcio Madroño con su repositorio de datos e-cienciaDatos, que permite a sus investigadores el depósito de datos y su publicación, asignando un identificador de objeto digital DOI a cada uno de ellos, para que otros científicos puedan encontrarlos y citarlos.

Créditos imagen: Hooray!, por Paojus Alquiza, CC by-NC-ND 2.0